Juan Carlos de Borbón
La Constitución Española:
Artículo 56
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La web de la Casa Real:
Rey de todos los españolesTras la muerte del anterior Jefe del Estado, Francisco Franco, Don Juan Carlos fue proclamado Rey el 22 de noviembre de 1975, y pronunció en las Cortes su primer mensaje a la nación, en el que expresó las ideas básicas de su reinado: restablecer la democracia y ser el Rey de todos los españoles, sin excepción.
La transición a la democracia, pilotada por un nuevo equipo, comenzó con la Ley de Reforma Política en 1976. En mayo de 1977, el Conde de Barcelona transmitió al Rey sus derechos dinásticos y la Jefatura de la Casa Real española, en un acto que constataba el cumplimiento del papel que correspondía a la Corona en el retorno a la democracia. Un mes más tarde se celebraron las primeras elecciones democráticas desde 1936, y el nuevo Parlamento elaboró el texto de la actual Constitución, aprobada por referéndum el 6 de diciembre de 1978 y sancionada por S.M. el Rey en la sesión solemne de las Cortes Generales del 27 del mismo mes y año.
La Constitución establece como forma política del Estado la Monarquía parlamentaria, en la que el Rey arbitra y modera el funcionamiento regular de las instituciones. En su mensaje a las Cortes, Don Juan Carlos proclamó expresamente su decidido propósito de acatarla y servirla. De hecho, fue la actuación del Monarca la que salvó la Constitución y la democracia en la noche del 23 de febrero de 1981, cuando los demás poderes Constitucionales estaban secuestrados en el Parlamento por una intentona golpista.
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Comentarios sobre la respuesta del Rey:
Del Jefe del Estado Español, esperaba algo más que un simple “darse por enterado” porque lo sucedido en este caso, va mucho más allá de un simple acto de negligencia médica, y debería de preocuparle “lo que se esconde tras estas apariencias”.
El Jefe del Estado Español parece olvidar, que el asunto de la corrupción de la JUSTICIA es un ASUNTO DE ESTADO. Así mismo, debería de comprender, que difícilmente, los ciudadanos españoles van a respaldar nunca a una monarquía, por muy parlamentaria que sea, si el Jefe del Estado (el Rey) sigue siendo sólo es una mera figura decorativa de relaciones públicas en nuestro Estado de Derecho; cuya única misión, al parecer, es asegurar la transmisión hereditaria de derechos y privilegios para sus hijos y nietos, mientras al resto de la sociedad se le coarta la libertad, se le niegan y violan sus derechos constitucionales y se les ajusticia miserablemente, a través de un corporativismo judicial-político-financiero, inaceptable y delictivo, y ua clase política a la que solo le preocupa llegar al Poder “como sea”; propiciado todo ello, desde una corrupción generalizada, y consentida por los máximos responsables, y dirigentes políticos del Estado.